El concepto de fuerza vital

Las bases de filosofía homeopática cuentan con conceptos muy revolucionarios. Para mí, el más importante de todos, el concepto de fuerza vital, empezó a tornarse lenta y seguramente la base de mi comprensión de la vida.

Para mí, la fuerza vital es un principio organizador, lo que nos mantiene vivos y con sentido.

El autor que más me ilustró este principio fue Hahnemann.

En el Organon de la medicina homeopática1 él explica que, en la incapacidad de ver la fuerza vital que sería el espíritu que produce el desarreglo, el homeópata debe entender lo que hay de peculiar en el individuo y que manifiesta el desequilibrio. También deja claro que no es necesario ver esta fuerza, si se pueden observar los síntomas las indicaciones están dadas.

¿Pero qué fuerza es esta?

¿Cómo evolucionó este concepto a lo largo de la historia?

El Dr. Christian Friedrich Samuel Hahnemann (1755 -1843) fue un médico Alemán que, insatisfecho con el resultado de las prácticas médicas que le habían sido enseñadas, decidió ocuparse de temas de química y traducción.

El ejercicio de sus funciones como traductor permitió que tuviera contacto con ideas que habrán cambiado su visión de la potencialidad de la materia. Al traducir Clases de Materia Médica de William Cullen2, Hahnemann empieza a preguntarse el motivo por el cual la corteza de cinchona es utilizada en el tratamiento de las fiebres periódicas. La explicación de Cullen sobre el amargor de la planta no le parece suficientemente convincente porque otros fármacos amargos no presentaban propiedades antimaláricas. De la investigación que sigue este planteamiento surgirá la aplicación del princípio de similitud.

La idea del principio de similitud había sido propuesta, con contornos diferentes, por personalidades muy anteriores a Hahnemann, entre ellas:

Hipócrates (460-365 a.C.) fue un médico de la antigua Grecia. Este médico entendía los síntomas como intentos de curación y sugirió imitarlos para conseguir el tratamiento. El no descartaba la oposición de los síntomas en determinadas circunstancias. Pensaba que la única forma de entender el mundo y las cuestiones importantes era a través de la experiencia y de los fenómenos observables y rechazaba la especulación filosófica como base satisfactoria de la medicina3. Sus conceptos vitales de “dynamis” y “physis”, que Hahnemann utilizaría más tarde, están basados en sus observaciones.

P.T. von Hohenheim, también conocido como Paracelso (1493-1591), médico suizo, considerado el padre de la toxicología, era proponente de la idea de que el bienestar de los humanos era el resultado de la harmonía entre los humanos y la naturaleza4. Él consideraba que el médico tenía que entender la naturaleza a través de la experiencia y creía que la similitud entre los elementos y aquello que se pretendía curar con ellos era importante. Él afirmaba que lo que podía causar una enfermedad podía curar esta enfermedad, que lo bueno y lo malo estaban juntos y era necesario separarlos para curar5.

Jan Baptist van Helmont (1580-1644) es considerado un sucesor de la reforma médica de Paracelso6. Había estudiado medicina, química y fisiología. Él creía que habría una parte inmaterial del ser humano inherente a la vida, que habría “movimiento”, una fuerza vital en el cuerpo físico que sería atribuida a algo extrasensorial. Su filosofía estaba basada en la tradición alquímica y en el cristianismo.

Como resultado del estudio de estas ideas, del contacto con la filosofía de Leibniz7, con el vitalismo de Barthez y otros autores, Hahnemann desarrolló sus pensamientos sobre el concepto de fuerza vital. Muchos han descartado estas ideas por la semejanza con el aspecto religioso del entendimiento de la realidad. Pero en verdad, estas concepciones nacen de la experiencia de un hombre, inherentemente práctico. Independientemente de sus intereses espirituales, Hahnemann quiso buscar una forma de tratar basada en la experiencia y así lo hizo.

En el ejercicio de sus investigaciones, Hahnemann decide probar la Cinchona para entender el porqué de sus potencialidades en el tratamiento de la malaria. Sorprendentemente, al probarla, desarrolla los mismos síntomas de la malaria y empieza a desarrollar la teoría de la ley de los semejantes aplicada a la homeopatía. Esta se basa en el concepto de que una sustancia capaz de producir determinados síntomas en individuos sanos, curará estos mismos síntomas cuando se han manifestado en individuos enfermos. El remedio adecuado por similitud es preparado según las normas que Hahnemann describe en el Organon de la Medicina, y administrado según el principio de dosis mínima (capaz de suscitar una reacción). Reduciendo las dosis para evitar la toxicidad de la substancia va desarrollando el método de dinamización y dilución.

Entiende que suprimir los síntomas, utilizando algo contrario a ellos, no puede nunca llevar a una curación. Reconoce que utilizar la reacción del organismo al estímulo similar es la llave para resolver los desequilibrios orgánicos. O sea, para resolver un desiquilibrio del cuerpo se debe utilizar la misma fuerza vital. La homeopatía nace de la experiencia, y se basa en ésta para generar conocimiento.

Esta idea es revolucionaria porque nos hace entender que los síntomas son nuestra voz interna. Estos tienen una lógica y deben ser estudiados con mucha atención por el homeópata, porque están relacionados entre sí para formar una imagen del individuo como un todo. Están relacionados con nuestra voz interna, lo que equivale a decir que no debemos callarlos de la forma contraria, bajo pena de “enmudecer”.

Todas las acciones tienen una reacción, la reacción a una supresión será una interiorización de la patología.  Al suprimir las manifestaciones sintomatológicas de un desequilibrio, el cuerpo tendrá que buscar “soluciones creativas” para realizar el proceso que estaba realizando antes, porque en definitiva el problema sigue estando ahí. El problema se va interiorizando y cronificando, empezando a afectar estructuras fisiológicas más importantes. Así, al problema inicial, se suma el problema resultante de la supresión, el estrés orgánico de readaptación a un nuevo estado más desequilibrado. Estas conclusiones derivan de la observación de muchos casos clínicos, documentados en el libro que Hahnemann escribe sobre las enfermedades crónicas8.

La idea de fuerza vital nos enseña: escuchar con atención esta idea significa respectar nuestro cuerpo y aprender con él.

Bibliografía:

  1. Organon of medicine [Internet]. [Consultado 28 Agosto 2018]. Disponible en:
  2. Kent JT. Homeopatía Escritos menores Aforismos y preceptos. Barcelona: Editorial IHC.
  3. Miller HW. Dynamis and Physis in On Ancient medicine. Transactions and proceedings of the American Philological Association. 1952; 83: 184-97. doi:10.2307/283384
  4. Science museum brought to life [Internet]. Paracelsus (1493-1541) [10 de agosto de 2018]. Disponible en: http://broughttolife.sciencemuseum.org.uk/broughttolife/people/paracelsus
  5. BellaviteP , Conforti A, Piasere V, Ortolani Immunology and Homeopathy. 1. Historical Background. Evid Based Complement Alternat Med. 2005; 2(4): 441–452.
  6. Hedesan GD. An Alchemical Quest for Universal Knowledge: The ‘Christian Philosophy’ of Jan Baptist Van Helmont (1579-1644). London: Routledge; 2016.
  7. Clever homeopathy [Internet]. The implausibility of the vital force in the existent medical paradigm [29 Agosto 2018]. Disponible en: https://cleverhomeopathy.wordpress.com/2014/05/01/the-implausability-of-the-vital-force-in-the-existent-medical-paradigm/
  8. Hahnemann S. The chronic diseases Their peculiar nature and their homoeopathic cure.  edition 2005. Noida: B Jain publishers; 2016.

 

 

 

 

 

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